Aranceles, cuotas y reglas de origen elevan la presión sobre las empresas mexicanas.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá ha entrado en una etapa de mayor tensión. Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, señaló que tiene instrucciones del presidente Donald Trump para incorporar aranceles, cuotas u otros mecanismos que permitan reducir el déficit comercial con México.
Aunque Greer calificó al gobierno mexicano como pragmático y reconoció avances en las negociaciones, dejó claro que Washington no busca una revisión superficial. Su objetivo es modificar la estructura productiva regional, reducir la dependencia de insumos asiáticos y favorecer una mayor producción dentro de Estados Unidos.
Mayor presión sobre las reglas de origen
Una de las principales preocupaciones estadounidenses es que México sea utilizado como plataforma de ensamblaje de componentes provenientes de China, Vietnam y otros países asiáticos.
Por ello, Estados Unidos buscaría endurecer las reglas de origen en sectores como el automotriz, electrónico, farmacéutico, siderúrgico y de maquinaria.
El riesgo para México es que ya no sea suficiente acreditar contenido norteamericano, sino que se exija una mayor proporción de componentes específicamente estadounidenses. Esto obligaría a las empresas a sustituir proveedores, modificar procesos o trasladar parte de su producción.
El caso Toyota
Toyota anunció una inversión de 3 mil 600 millones de dólares para ampliar su planta en San Antonio, Texas, y trasladar gradualmente desde Baja California la producción de la camioneta Tacoma.
La empresa presentó la decisión como una medida de optimización productiva y logística, sin atribuirla directamente a la revisión del T-MEC. Sin embargo, el anuncio refleja el riesgo de que nuevas líneas de producción sean dirigidas hacia Estados Unidos para reducir la exposición a posibles aranceles o cambios en las reglas de origen.
El T-MEC sigue vigente
La falta de acuerdo para extender el Tratado no significa que haya terminado. El T-MEC seguirá vigente hasta 2036, salvo que alguna de las partes decida retirarse.
No obstante, el Artículo 34.7 establece que, si los tres países no acuerdan prorrogarlo por otros 16 años, deberán realizar revisiones anuales.
Este mecanismo genera incertidumbre para las inversiones de largo plazo, pues permite que cada revisión se convierta en una nueva oportunidad de presión política y comercial.
Impacto para las empresas mexicanas
Las empresas mexicanas no enfrentan todavía la eliminación de las preferencias arancelarias, pero sí un entorno más restrictivo.
Los principales riesgos son:
- Sustitución obligada de insumos asiáticos
- Aumento en los costos de cumplimiento y trazabilidad
- Renegociación de contratos comerciales
- Reducción de márgenes por mayores costos de producción
- Traslado de nuevas inversiones hacia Estados Unidos
- Pérdida del tratamiento preferencial si no se cumplen las nuevas reglas
Los sectores más expuestos son el automotriz, electrónico, farmacéutico, siderúrgico, de dispositivos médicos, maquinaria, autopartes y electrodomésticos.
Qué deben hacer las empresas
Las empresas exportadoras deben revisar desde ahora el origen de sus insumos, calcular su contenido regional y simular escenarios con reglas más estrictas.
También deben identificar proveedores alternativos en América del Norte, revisar quién asumiría los aranceles en sus contratos y evaluar la rentabilidad de sus operaciones bajo distintos escenarios.
Comentario final
La revisión del T-MEC ya no consiste solamente en actualizar un tratado comercial. Estados Unidos pretende utilizarla para atraer inversiones, reducir el contenido asiático y aumentar la producción en su territorio.
El Tratado continúa vigente, pero la estabilidad que ofrecía ha disminuido. Las empresas mexicanas deberán prepararse para un proceso prolongado en el que los aranceles, las cuotas y las reglas de origen serán instrumentos de negociación y presión económica.
Fuente: Fiscalia.com